Por un partido más Comunista…por un socialismo de Caliban…

portada

Por: Josué Veloz Serrade

Desgraciadamente, nada hace pensar

que la dolorosa aunque fiera imagen de Caliban

 tienda a ser innecesaria, porque se hubiese

desvanecido la temible imagen de Próspero.

Roberto Fernández Retamar

 

Nuestro presidente habla con frecuencia de un socialismo próspero y sostenible y muchos tomamos esa expresión como referencia; mucha prosperidad hace falta en Cuba y sobre todo una prosperidad que sea duradera y sustentable. Ante la recurrencia de la palabra “próspero”, y su muy extendido uso – indiscriminado uso por cierto, y no casual – recordaba ese texto grandioso de nuestra cultura que es Caliban escrito por Fernández Retamar, tomando como punto de referencia la obra La Tempestad de Shakespeare. Próspero sigue vivo y con los mismos propósitos, la disyuntiva sigue siendo si tomaremos los caminos dictados por Próspero o asumiremos el socialismo como la alternativa cultural que nos liberará de todas las dominaciones a los que seguimos siendo Caliban.

Hay quien quiere pluripartidismo en Cuba como si nunca lo hubiéramos tenido…hay quien dice que lo tuvimos pero que del pluripartidismo salieron también algunos de los gobiernos progresistas – algo discutible cada vez más, todas las experiencias no fueron iguales, tienen incontables límites así como no pocos aspectos positivos – de América Latina en los últimos tiempos…y otros, entre los que me incluyo, mantenemos la propuesta de un partido único como garantía de la unidad y de la Revolución. ¿Pero cuál Unidad y cuál Revolución? Si ambas no son campos en discusión permanente entonces no garantizan la unión de la mayoría de los cubanos ni las revoluciones permanentes hacia el Socialismo.

Un partido político revolucionario como el nuestro no tiene que representar a todos los cubanos, sino que tiene que representar a la mayoría de los cubanos. No es posible un partido político comunista que represente a la burguesía y al proletariado a la vez; a riesgo de parecer lapidario si representa a ambas, entonces deja de serlo. Un partido comunista no puede dejar de lado su definición clasista porque intenta representar a todos los individuos de un país. En Cuba, es el partido del proletariado, pero del proletariado en el poder; no podemos olvidar aquel día luminoso en que declaramos el Socialismo y salieron nuestros padres y abuelos a morir por la patria.

Cuando decimos que el partido debe ser más democrático y participativo, podemos no darnos cuenta de que  el Partido Comunista cubano no tiene que ser ni democrático, ni participativo; tiene que ser más comunista y más socialista, entonces garantizará las dos cosas anteriores, no al revés. Lo mismo ocurre con el Socialismo: o es democrático y participativo o no es socialismo. En el fondo de esas definiciones está el intento de deslindarse de otras experiencias en las que algo, a lo que llamaban socialismo, no era ni democrático ni participativo.

Hay quien olvida que en Cuba los comunistas están en el poder y por ello critica al Partido, porque quisiera un espacio de varios partidos con ferias electorales cada cierto tiempo, y hay quien lo critica porque quiere que sea cada vez más revolucionario. Resulta tan peligroso creer que de la democracia burguesa vendrá la solución a nuestros males, como suponer que un socialismo estatista y nostálgico de mejores épocas señalará el camino necesario. En el centro siempre difuso de ambas posiciones se juega lo esencial. Si se van a relacionar el Socialismo y el mercado, entonces tenemos que discutir qué Socialismo y qué mercado, si vamos a discutir las relaciones entre el modelo económico cubano y las formas de participación política, entonces tenemos que ver de qué Economía hablamos y por cuál concepción política apostamos.

Posterior al Congreso tendremos un proceso de discusión sobre los destinos de la nación, y el Socialismo por el que optamos un día. El futuro no se determina en porcientos, es una invención cultural donde lo imposible se vuelve posible en las verdaderas revoluciones, y estas son verdaderas si son socialistas. No perdamos la oportunidad de hacer a nuestro Socialismo, el de Caliban. Si Mella fundó el Instituto Politécnico Ariel, fundemos nosotros la Universidad de Caliban.

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2 thoughts on “Por un partido más Comunista…por un socialismo de Caliban…

  1. Pues, sí, interesante y agudo texto, aunque me quedé con ganas de leer
    más, de una reflexión más reposada en la extensión, como las que le
    conozco al autor. Recuerdo un fuerte debate en el Instituto Cubano de
    Investigación Cultural (ICIC) “Juan Marinello” hace algo más de un
    año, esta vez sobre la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas, en Cuba),
    sobre la absorción de su cualidad de movimiento juvenil, por la
    estructura organizacional, y el vacío en que esta situación dejaba las
    políticas de juventud en el país, y a “todos” los jóvenes, no solo a
    sus miembros (digo miembros y no militantes para evitar confusiones y
    restituir la dignidad de este último término, que va siendo tan
    prostituida en la práctica cotidiana). En aquel momento llegamos a un
    consenso (a lo que yo sí llamaría una alternativa) frente a las
    antípodas que se presentan como tales y no son más que promiscuos
    caminos: “para representar a los jóvenes cubanos, trabajar con ellos,
    por ellos y desde ellos, la UJC no debiera abandonar su condición
    comunista, (si es que a estas alturas consideramos que aún la detenta
    para correr el peligro de abandonarla en algún momento). Por el
    contrario: sólo desde el comunismo como proyecto, puede la UJC
    regenerar su legitimidad, y un liderazgo convocante para la revolución
    de nuestras vidas…” Algo así pensábamos. Y sucede que hemos de andar
    muy alertas contra los falsos abrazos ecuménicos del tipo: “todos
    caben”. Yo diría que caben los “cabibles”, esto es: los que no llevan
    en el alma la ponzoña excluyente… Pero caben en calidad de iguales,
    y no como premiados por la tolerancia de alguien. Caben para hacer la
    obra más grande, porque la hacen todos los días más grande. Y la obra
    tiene que ser más permeable a las diarias proezas de sus hijos. Los
    “no cabibles”, poco importa si tienen la edad a la que cantó Gardel o
    la de Úrsula Iguarán… Pero: ¿será fácil y rápido definir personas
    que caben y que no? ¿Es cuestión de un grupo? ¿Es posible que sean
    definiciones congeladas para siempre, como si lo fueran los seres
    humanos? Me preciso a mí mismo en este tempestuoso comentario y
    rectifico en el matiz: lo que en profundidad ha de caber o quedar
    fuera son las ideas, más que sus portadores. Aquellos que defiendan
    ideas contrarias a las que el pueblo determine como señeras de su
    proyecto social, si respetan al pueblo, debieran caber también,
    debieran caber. Empero, ni el pueblo es una amalgama dócil y compacta,
    ni los orígenes humildes o proletarios constituyen atribuciones
    automáticas de un carácter revolucionario. Es necesario seguir
    haciéndonos pueblo, palabra que a mi juicio designa una entidad
    política, no demográfica. Si nos volvemos parte de esta comprensión,
    que la revolución cubana adelantó tanto en los 60, entonces debemos
    convenir que antes de militar en el Partido Comunista, la UJC o un
    grupo de amigos inconformes, se milita en el pueblo, así entendido.
    Sin esa premisa, llana y difícil, seguiremos remando en las aguas
    procaces de la ingeniería administrativa. El pueblo debe ganarse para
    sí. Solo militando en el pueblo se puede disputar la posibilidad de
    que el socialismo (su idea, su promesa y su práctica) hegemonicen el
    campo popular, los sentimientos colectivos, las predisposiciones
    volitivas, las imaginaciones, las ganas, los esfuerzos, el sentido de
    los sacrificios, las aprehensiones teóricas, las claridades de vida…
    Luego, para que la entidad política “pueblo” milite en el Partido,
    este último debe militar en el pueblo que lo hizo posible (y que ahora
    no es igual al que lo hizo posible), que le dio una revolución para
    estar en el poder, y se la dio con las sangres correspondientes, con
    los traumas de las realizaciones individuales que no fueron… El
    comunismo tiene que ser una fe sin iglesia. No un fetiche para la
    adoración, sino un lugar familiar para la creación más ambiciosa, para
    la más factible.
    Cuando en aquel discurso memorable, Martí habló de “todos”, fue, como
    en su circunstancia vital, precursor y político; humanista en tanto
    partidario radical. Si esperamos que las palabras agoten las
    explicaciones, ni la función del lenguaje podriamos llegar a entender.
    Al arrostrar exánime, el sol por su lírica anticipado, aquel, magro
    solo de cuerpo, nos dijo la fórmula del amor triunfante, como nos dijo
    sus costos probables y sus desencadenamientos postreros apetecibles;
    nos dijo más que en el discurso memorable…
    Hoy pulsean en sordina muchas nociones de “todos”. Quienes aún se
    refieren a esa idea, no la conjugan nunca en 3ra persona del plural,
    sino en 1ra. La lucha se complejiza, complejas y tensadas han de ser
    nuestras capacidades para merecer ganar. La revolución no será en lo
    adelante de quienes puedan beneficiarse con ella (o ya lo hayan hecho)
    -lo demuestra la situación actual de la América Latina- sino de
    quienes la asuman efectivamente como el camino, y la siembren, con
    vocación de martirio, otra vez, en el alma de todos.
    Creo que me extendí un poco en este comentario, pero he escrito sin
    darme cuenta.
    Abrazo

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