En defensa de Venezuela

FMH

Por: Fernando Martínez Heredia

Hay dos maneras de abordar esta iniciativa de la OEA, y de actuar frente a ella. Una consiste en no aceptar que Venezuela esté incumpliendo la Carta Democrática de la OEA, con ayuda de juristas y declaraciones a los medios, y que se intente impedir la celebración de la reunión propuesta por Almagro, por medios legales atinentes al fondo o al procedimiento. Y si, a pesar de todo, la acusación prospera y sesiona el Consejo Permanente, tratar de reunir votos suficientes para que Venezuela no sea suspendida como miembro de la OEA, al no conseguirse la votación calificada a favor que es requerida.

Pero esos esfuerzos podrían ser inútiles, como lo han sido los dirigidos a evitar que un grupo de políticos delincuentes despojara de su cargo a la presidenta del país más grande y poblado de nuestro continente.

Hay otra manera de enfrentar la cuestión. Puede consistir en que un grupo de Estados denuncie el objetivo de derrocar al gobierno legítimo de Venezuela y liquidar la experiencia de cambios sociales y beneficio de las mayorías que se inició allí en 1999, y que la OEA lo hace porque sigue siendo, como desde que se fundó, cómplice y subordinada de Estados Unidos. Y que en consecuencia decida boicotear las reuniones propuestas e invite a todos los demás Estados latinoamericanos y caribeños a hacer lo mismo. Que algunos Estados, al calor de estos hechos, reiteren su proposición de que desaparezca la OEA e inicien acciones fundamentadas con el objetivo de que se extinga esa organización, o en su defecto dejen de pertenecer a ella todos los Estados que lo vayan considerando correcto.

Al mismo tiempo, que se desaten campañas de movimientos sociales, asociaciones e instituciones de los más diversos tipos y orientaciones, agrupadas por el temor común a que vuelvan a retroceder las sociedades latinoamericanas en calidad de la vida y derechos sociales y políticos, y por la decisión común de actuar a favor de sus sociedades y sus países. Sus objetivos inmediatos serían derrotar a los golpistas reaccionarios que intentan despojar a los pueblos y entregar las soberanías nacionales. Su estrategia sería movilizar y crear conciencia al mismo tiempo, rechazar toda acción contraria a los pueblos y a la patria aunque alegue ser legal, y utilizar todas las formas de resistencia y de lucha que sean necesarias.

Esta segunda manera de enfrentar la ofensiva de los opresores y de los Estados Unidos contra los pueblos muestra el único camino que brinda posibilidades de pararlos y derrotarlos. Ningún lamento servirá de nada. Si los pueblos se ponen en marcha, llegarán a ser invencibles y comenzarán a cambiarse a sí mismos y las sociedades.

(Tomado de Telesur)

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Hay en Brasil…una situación kafkiana en pleno desarrollo…

dilma kafka copia

Por: Josué Veloz Serrade

Psicólogo. Miembro de la Red de Jóvenes anticapitalistas y del Proyecto Nuestra América.

En la novela El Proceso (1) de Kafka, K es un empleado de cierta importancia en un banco, pero lleva una existencia simple. Podría ser cualquier persona, usted, yo; ser incluso la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff.  En el inicio del relato toma conocimiento de que se le ha iniciado un proceso legal al que tiene que responder. Kafka pone la acusación en suspenso, no necesita decir de qué fue acusado K, lo importante es que se le inicia un proceso y de él no saldrá nunca. K reclama pruebas, discute con impotencia frente a los tribunales, hace uso de todos los argumentos de alguien que se cree inocente y a quien no le han mostrado pruebas de violación a la ley alguna. Todo lo realiza de manera infructuosa.

A la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff se le inicia un proceso de Impeachment, no hay una acusación fundamentada, no hay pruebas de un delito, pero ella concurre ante los jueces, intenta dar pruebas de su inocencia y reclama la restitución de la “democracia”, un “estado de derecho” que ha sido violentado. Vive el absurdo de un proceso en que no aparecen las pruebas por ninguna parte, pero comparece ante la justicia, acepta ser destituida, y transcurre un Golpe en Brasil de la manera más descarada e inconcebible.

Uno pudiera hacerse varias preguntas:

¿Cómo es posible un proceso judicial sin pruebas, sin una acusación clara, sin sombra de delito? ¿Qué pudieran tener en común el sujeto kafkiano del relato y Dilma?

K comienza a hacer gestiones para resolver su caso, en ese trayecto además de proveerse de abogado, le recomiendan visitar a un pintor que trabaja para el tribunal haciendo los retratos de los jueces. Este le cuenta, entre otras cosas, que existen tres modos de absolución. Uno de esos modos es la absolución real, que consiste en demostrar la completa inocencia lo que garantiza la absolución total sin que queden huellas del proceso. El pintor le cuenta que en todo el tiempo que se ha dedicado a estar cerca de los jueces nunca ha visto una absolución real. Una vez desencadenado el proceso no es posible volver al estado de inocencia inicial aunque en la realidad no halla sombras de un delito. En la realidad kafkiana todos nos volvemos culpables cuando se inicia un proceso.

¿Cómo podrían el personaje de Kafka y Dilma asumir un proceso si no fueran culpables de algo? ¿Son culpables de lo que se les acusa o son culpables de otra cosa?

Otra forma de absolución es la prórroga ilimitada. En esta el acusado, en compañía de su abogado, comienza toda una serie de procedimientos en los que se alarga de manera ilimitada la primera fase del proceso. Se le llama a declarar continuamente, se revisa su causa, regresa al inicio el proceso, se le hacen interrogatorios breves. Este período para el personaje de la novela se vuelve interminable y circular. Pudiéramos decir que la presidenta Dilma se encuentra en esta fase, pero en el pensamiento kafkiano este tiempo es ilimitado por tanto tampoco garantiza que el personaje de la novela y la presidenta de Brasil, sean declarados inocentes.

La última forma de absolución es la aparente, esta consiste en hacer uso de ciertas influencias que se poseen sobre los jueces. Por esta vía el pintor toma una declaración de inocencia del acusado y se la va presentando a jueces sobre los que tiene cierta influencia. Puede ser que logre el apoyo de la mayoría y eso permita que el sujeto salga en libertad. Pero ello no garantiza que no sea llevado a los tribunales nuevamente pues han quedado todas las huellas del proceso y un juez cualquiera puede abrir nuevamente la causa, y así sucesivamente de manera interminable.

El personaje de Kafka hace esfuerzos vanos por encontrar los apoyos suficientes. A medida que pasa el tiempo se va sumiendo en la soledad, cada intento se vuelve demorado y fallido. En cuanto a Dilma, los apoyos que tuvo de las alianzas de su partido fueron desapareciendo, en muchos casos se declararon abiertamente en su contra. Su vicepresidente es quien dirige ahora el país, y encabeza un proyecto de desmontaje neoliberal que no parece detenerse ante nada.

Varias lecturas son posibles. Primero: en ninguna de las tres formas está la posibilidad de ser declarado inocente, una rueda infernal en la que la culpabilidad no desaparece y la “justicia” siempre vence. Segundo: la justicia en estos casos no consiste en definir si un sujeto efectivamente cometió o no un delito sino el hecho de que el proceso transcurra. Tercero: todos somos culpables aún cuando no se haya desencadenado ningún proceso en contra nuestra, la inocencia total no es posible. Pareciera que de algún crimen somos culpables sin saberlo. ¿Cuál es ese crimen?

En la simbología del universo delirante de Kafka nos podemos permitir una de las muchas posibles miradas. En un estado de derecho donde rigen las leyes del mercado, todos nacemos potencialmente culpables, porque nacemos expropiados: lo propiedad es privada no solo porque le pertenece a alguien sino porque le fue privada a alguien. Algo que nos pertenece nos es quitado de manera permanente, cuestionarlo tiene consecuencias inevitables. K se enfrenta al proceso después que el crimen fue consumado sin que podamos saber de qué se le acusa. En el caso de Dilma sabemos de lo que se le acusa pero no se le demuestra. Ambos luchan contra espectros y por demandas ilusorias: la “justicia”, el “estado de derecho”, la “democracia”: fantasmas-fetiches del gran mercado.

Lo que no le perdonan a Dilma es su pequeño crimen contra las reglas del mercado, no es que ella les vaya a destruir esas reglas, es que un leve rasguño desencadena esas reacciones. Cada cierto tiempo una oveja descarriada debe ser castigada, el estado de derecho burgués está al servicio del mercado: el delito mayor es intentar ponerle freno al Gran Capital: en tal sentido claro que Dilma es culpable, es eso lo que está detrás del juicio, lo demás pura novela a lo TV Globo.

Deberíamos pensar entonces, si más allá de reclamar a organismos internacionales, de comparecencias en la prensa, de entrevistas acerca de los logros sociales que desmonta la derecha reaccionaria brasileña; ¿existe alguna otra posibilidad para Dilma y la sociedad de los excluidos en Brasil?

Intentemos una perspectiva diferente. Cuando Joao Pedro Stedile, uno de los líderes más conocidos del MST (Movimiento Sin Tierra) dice:

no estábamos luchando solo para aplicar el Estatuto de la Tierra, sino contra un Estado burgués, nuestros enemigos son los latifundistas y el Estado,[1]

nos dice que los expropiados tienen que liberarse de la culpa que nos pone el mercado al nacer. No es pidiéndole al Estado de derecho burgués que respete las garantías del debido proceso que seremos liberados del delito que cometimos sin saberlo: es la Revolución como fuente de otro derecho. ¿Y de qué somos culpables, que solo la Revolución nos libera de ello?: de desear aquello de lo que fuimos expropiados.

En el final del relato kafkiano, K, es conducido por dos hombres hacia un lugar apartado, nadie acude en su auxilio y es apuñalado en el corazón. El final estaba escrito en el principio. Lo importante, en esta hora, será saber si el gobierno de Brasil permitirá que le conduzcan de manera tranquila a recibir la puñalada. O ¿quién sabe si el pueblo que ahora mismo están en la calle antes que le apuñalen toma la cuchilla y…?

[1] Mancano Fernandez, Bernardo. (2001). Brava Gente: la trayectoria del MST y la lucha por la tierra en Brasil/ Bernardo Manzano Fernandez, Joao Pedro Stedile. 3ra. Ed.en español. La Habana: Editorial Caminos. Cuba.

 

La hora de Pánfilo o la estetización de la política.

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Por: Mayra Sánchez Medina

Proyecto de investigaciones estético filosóficas.Instituto de Filosofía, Cuba.
(Tomado de su página personal en FB).

En medio del fragor de los últimos días y de la tensión que a muchos nos generó la visita del primer presidente de los Estados Unidos de nuestras vidas, destacó, sin lugar a dudas, esa sorpresiva conversación telefónica Pánfilo-Obama que vimos en Tele- avances y en reiteradas presentaciones por Telesur. Recuerdo que en la primera ocasión, mi esposo se reía de mi ingenuidad, pues, “sin lugar a dudas se trataba de un montaje”. Luego supimos que fue real, y, según afirmaciones del propio Luis Silva, respondió a un deseo de Obama y sus asesores. Entonces, todo se aclara…
Además de la sorpresa de lo inusitado -el presidente del país más poderoso del mundo conversando con nuestro Pánfilo-, el incidente nos ha brindado una inmejorable oportunidad de conocer, incluso de vivenciar, algo que hasta ahora nos parecía muy lejano, cosa de libros y películas del sábado, que, por demás, resultan relativamente cotidianos para buena parte del mundo. Hemos sido testigos de una bien hilvanada muestra de estetización de lo político.
A pesar de lo encriptado del titular, cuando hablamos de estetización de lo político nos referimos, justamente, al uso que está haciendo la política actual de elementos de naturaleza estética. Si bien es cierto que son muchos los ejemplos que muestran que esto no es nuevo y que históricamente el poder se ha auxiliado de ciertos dispositivos simbólicos – recordemos la monumentalidad de las tumbas faraónicas y la diferenciación en tocados, escala y apariencia en la representación de los gobernantes de la mayoría de las culturas; las sacralizadas ceremonias de coronación en las cortes europeas; las prácticas de erigir monumentos y conmemorar fechas; …- el siglo XX asistió a la autoconciencia progresiva del papel movilizador de este tipo de artilugios, utilizados hasta la saciedad como armas de dominación económica y política. Hacia mediados de la década del 30 del pasado siglo el pensador alemán Walter Benjamin, introdujo la problemática explícitamente en su hoy clásico ensayo La obra de arte en la era de su reproductividad técnica (1936).
Tomando como contexto el fatídico esplendor del fascismo alemán, Benjamin hace un interesante paralelo entre el actor cinematográfico y el gobernante político, y muestra cómo la aparición de nuevos soportes tecnológicos y los cambios que estos introducen en los modos de percepción y apropiación de los mensajes artísticos, no han impactado solamente la esfera del arte sino que se perciben también en lo social, al punto que llegan a cambiar la forma de hacer política:

“También en la política es perceptible la modificación que constatamos trae consigo la técnica reproductiva en modo de exposición. La crisis actual de las democracias burguesas implica una crisis de las condiciones determinantes de cómo deben presentarse los gobernantes…!el parlamento es su público! (este es visto en su discurso por un sinnúmeros de espectadores y se convierte en primordial la presentación del hombre político ante estos aparatos) los parlamentos quedan desiertos, así como los teatros, la radio y el cine no solo modifican la función del actor profesional, (sino que cambian también los mecanismos de gobernación)… la dirección de dicho cambio es la misma en lo que respecta al actor de cine y al gobernante…”

En su análisis, Benjamin destaca el valor exhibitivo, reconocible también en la nueva obra de arte moderna, como uno de los rasgos del político nuevo que

“…aspira, bajo determinadas condiciones sociales, a exhibir sus actuaciones de maneras más comprobables e incluso más asumibles. De lo cual resulta una nueva selección ante esos aparatos y de ellas salen vencedores el dictador y la estrella de cine…”

Este valor exhibitivo que gracias a la técnica va a adquirir el producto cinematográfico, será analizado por Benjamin, como uno de los resortes que utiliza el fascismo en su demagogia, y que también estudiarían Adorno y Horkheimer en la Dialéctica del Iluminismo. Desde este mecanismo de exhibición – expresión, extrae su noción de esteticismo político , como el marco social que establece el poder, apoyado en la tecnología, cuando hace posible una participación popular solo a nivel formal y representacional, solo en el plano estético.

“El fascismo- afirma Benjamín – intenta organizar las masas recientemente proletarizadas sin tocar las condiciones de la propiedad que dichas masas urgen por suprimir. El fascismo ve su salvación en que las masas lleguen a expresarse (pero que ni por asomo hagan valer sus derechos). Las masas tienen derecho a exigir que se modifiquen las condiciones de la propiedad; el fascismo procura que se expresen precisamente en la conservación de dichas condiciones. En consecuencia, desemboca en un esteticismo de la vida política”.

Otra de las premoniciones geniales de Benjamín está en el centro mismo de la noción actual de estetización: “…La humanidad, que antaño, en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma”. “ Justamente, la espectacularidad de la sociedad capitalista, ha sido ampliamente reconocida desde la profética obra de Debord. Para él, el “espectáculo” es la comunicación humana devenida mercancía.
Esto se aprecia abiertamente en nuestros días: más allá de los programas políticos y sus agendas; en las confrontaciones entre partidos y pujas por alcanzar las bancas parlamentarias, las estrategias de poder apelan a los llamados mecanismos “blandos” dirigidos a sensibilizar, conmover, seducir, esgrimiendo como armas refinadas la apariencia y el carisma de los líderes (se habla de una veddetización de los gobernantes), cuyos estudiados gestos intentan impactar la sensibilidad de sus votantes. Asesores de imagen, fotógrafos, maquilladores y hasta peluqueros propios, integran el staff de los políticos-vedettes, que hacen cursos para saber desenvolverse ante las cámaras y descubren los invisibles secretos del lenguaje corporal. En estas lides, los que más destacan por su habilidad histriónica, tienen grandes posibilidades de vencer a sus contendientes en las justas electorales.
Con estas contingencias, estudiar la política se ha convertido en un asunto bien complejo. De hecho, asistir a ella como observadores, reclama de una mirada aguzada y alerta, que si bien se detenga en las acciones y relaciones de las instituciones políticas reconocidas – el estado, los partidos, los estamentos y las leyes- se extienda al extenso campo de la subjetividad y su marco sensible, espacio en que también se están estimulando los resortes internos de lo político.
Obama y sus asesores nos brindaron una clase magistral de cómo operar estos resortes en la comunicación política, utilizando al humor como recurso, desde uno de sus personajes más reconocidos y aceptados por el gusto popular. Sonriamos entonces, pero, sin ingenuidad. Ya sabíamos que el campo de batalla política se había tornado en un espacio marcadamente cultural. Aquí tenemos una excelente muestra.

Que Obama no nos marque la agenda

no nos marque agendaPor: Red de Jóvenes Anticapitalistas

Este sábado 19 de marzo, realizamos en el Centro Memorial Martin Luther King Jr., el taller ¡Manos fuera de Cuba!, convocado por el Proyecto Nuestra América y la Red de Jóvenes Anticapitalistas. Durante algo más de cuatro horas intercambiamos ideas en torno a temáticas relacionadas con las implicaciones de la próxima visita del presidente Obama a Cuba, el complejo y contradictorio contexto nacional y regional en el que ocurre, y los desafíos que plantea a las transformaciones que vive la sociedad cubana.
Tenemos la certeza de que el panorama interno constituye un terreno en el que deben ampliarse los debates y aportes de todos los cubanos; pero nos resistimos a que la visita de un presidente norteamericano condicione estos análisis, haciéndonos partícipes de las sutiles formas de reproducir el colonialismo cultural.

Las ideas siguientes fueron resultado de un proceso de discusión colectiva en el que compartimos preocupaciones y definiciones de principios que exponemos a continuación:

Consideramos un grupo de reivindicaciones históricas y exigimos su atención por parte del gobierno de los Estados Unidos: la eliminación de la Ley de Ajuste cubano, del Bloqueo económico comercial y financiero, la devolución del territorio que ocupa ilegalmente en Guantánamo así como la indemnización por todos los daños, materiales y humanos a nuestro país.

Condenamos el hecho de que EE.UU., en su negociación con Cuba, pretenda impulsar modificaciones en la política interna cubana.

Pedimos que cesen las hostilidades en sus diversas expresiones. El restablecimiento de relaciones diplomáticas no incluye el irrespeto ni la injerencia en contra de los principios de la Revolución ni la promoción de financiamiento a grupos que conducen a un tipo de Sociedad Civil funcional al imperialismo.

En una relación económica con los Estados Unidos es fundamental que este país se acoja acuerdos internacionales que garanticen el respeto al medio ambiente, a los mecanismos de integración concertados por Cuba y varios países de América Latina y el Caribe. Estos vínculos deben estar pactados en niveles de igualdad sin menoscabo del proyecto socialista cubano.

Condenamos la intromisión de los Estados Unidos en los asuntos internos de otros países por intereses económicos y políticos. Pedimos el cese de la hostilidad contra Venezuela, desarrollada con el fin de destruir a la Revolución Bolivariana y al proyecto chavista del Socialismo del Siglo XXI.

Demandamos que se elimine el trato discriminatorio por parte de los Estados Unidos a migrantes que llegan a ese país en busca de un mejor destino económico así como la liberación de presos políticos como el luchador puertorriqueño Oscar López Rivera.

Reconocemos que las relaciones con los Estados Unidos constituyen una oportunidad positiva para Cuba, y nuestro gobierno ha dejado claro que no está en la mesa de negociaciones ninguno de nuestros principios. Al mismo tiempo, no olvidamos que estos cambios forman parte de una estrategia de dominación imperial de vieja data y que no abandona sus propósitos acerca del cambio de sistema político en nuestro país, activamos nuestro trabajo como actores políticos.

El socialismo, el antimperialismo y la Revolución Cubana; no entrarán nunca en la mesa de negociaciones.

(Publicado en Caminos el 19 de marzo de 2016).

Berta Cáceres. El valor de morir por la vida

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Por: Ariel Dacal Díaz

Minutos antes de las cinco de la mañana sonó mi teléfono. Del otro lado una voz, envuelta en llanto incontenible, me estremeció: “hermano”, me dijo Luis, “nos mataron a Berta.” Durante varias horas esperé una noticia que lo desmintiera, que aclarara los hechos. Esperé que fuera solo un susto más entre los permanentes ataques y amenazas contra ella. Pero todo era confirmación: en la madrugada del 3 de marzo sicarios irrumpieron en la casa de Berta Cáceres y la asesinaron.

La conocí hace varios años en La Esperanza, su trinchera por la vida. Recorrí tras su saga senderos llenos de sueños, movilizaciones, enfrentamientos, peligros y utopías de muchos signos. Estuve en el estado mayor de su amor, la casa de familia. Su madre, risa pausada y ternura militante; sus hijas e hijo, el patrimonio más sublime de su ser revolucionaria; la casa, lugar de acogida amorosa para gente que lucha, lugar lleno de ideas, compromisos, bromas y precauciones.

Cerca de la casa hay un baño comunitario donde, por esos días, iba Bertica con su madre y alguna de las hijas a darse un baño matutino de naturaleza. Un agua tan copiosa y permanente como fría baja de las montañas para salvarse, simbólicamente, en los cuerpos de tanta gente luchadora que ha crecido en el entorno de Bertica y su familia. Era el modo en que la sangre y espíritu del río, las montañas y la floresta hacían comunión con el Dios de su madre para protegerla.

La vi por última vez en Cuba hace un año. Me dijo, “compa, es la primera noche en los últimos seis meses que duermo tranquila, sin sobresalto”. Por aquellos días pesaba sobre ella una orden de captura por las autoridades hondureñas. No recuerdo a causa de que mentira esa vez.

Aprovechó entonces para encontrarse una vez más con una de sus hijas, quien ya vivía fuera de Honduras por obvias razones. Esa combatiente tremenda, esa organizadora incansable y rigurosa era en esos días, también, una madre que mima, con su ternura sin disimulos en la mirada, las palabras y los brazos con que disfrutaba tener a su hijita al alcance.

Le pregunté por qué no se quedaba un tiempito más largo por acá, para descansar y estar segura. Me dijo, “no compa, tengo que regresar”. Y regresó. No asumió pose de mujer trascendente para darme la respuesta, más bien su tono fue bajo y humilde, como quien se apena por no aceptar el ofrecimiento sincero de un hermano de lucha.

Bertica, con sus justos temores, con sus humanas ansiedades, se mantuvo donde ser digna, donde decir la verdad y donde defender procesos justos era su sentido de vivir. En consecuencia dio la vida por el río Gualcarque, por su madre, hijo e hijas, por sus compas, por nosotros y nosotras. Berta es una mártir de la vida que nos alerta eternamente que no tenemos tiempo, que la lucha es el camino, que la comunidad es trinchera y forja, que el capitalismo es tiranía venga de donde venga, que la verdad es sencilla y que la justicia es actitud.

Los sicarios dispararon al amor por la vida que representa Berta Cáceres. Golpearon al símbolo en su totalidad. Apretaron el gatillo que manda el odio, el desprecio por los demás, la exclusión y la injusticia. Sus asesinos atacan sin piedad porque tienen miedo al pueblo que lucha y a quienes presentan combate con su rostro, sus razones y su vida.

Saberla muerta me duele profundamente. Tristeza, rabia, impotencia…sensaciones que me recorren minuto a minuto en esta pesada marcha que implica aceptar que la combatiente lenca no estará más, a viva voz, con profunda pasión, con osados argumentos, mirando a la cara de la injusticia que en Hondura tiene nombres y apellidos que ella no se limitó en mencionar, los mismos que dieron la orden de asesinarla. Su pueblo, su comunidad, su gente de La Esperanza tiene conciencia y rabia. En un muro del lugar hay un cartel enorme escrito con dolor y determinación: “Berta no murió. Juan Orlando la asesinó.”

Bertica atravesó el umbral que la conduce a ser memoria imprescindible. Llegó a ese lugar donde la gente buena sigue avivando la llama de la indignación y la lucha. Ella es himno de combate en el martirologio contra las opresiones. Su manera extraordinaria de combatir llegó, acaso, a un sitio menos inhóspito que este donde el sicariato llena de plomo la verdad y de duelo a la dignidad. Pero, desde su trascendencia, Bertha Cáceres demuestra que su verdad es un templo y su dignidad indoblegable. Demuestra, por más dolor que cause, el valor de morir por la vida